Francisco Umbral, un hombre de letras

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El escritor y periodista español Francisco Pérez Martínez, más conocido por Paco Umbral, ha fallecido hoy a los 72 años en la madrileña Clínica Montepríncipe de Boadilla de Monte por un fallo cardiorrespiratorio, confirmaron sus familiares. Umbral es una de las figuras literarias más relevantes de la España de las últimas décadas, y ha sido reconocido con numerosos galardones, entre los que destacan el Premio Príncipe de Asturias de las Letras en 1996 y el Premio Cervantes de 2000.

Francisco Umbral (Madrid, 11 de mayo de 1935 – 28 de agosto de 2007), nacido como Francisco Pérez Martínez, fue un periodista, novelista, biógrafo y ensayista español.

Hijo de Ana María Pérez Martínez, nació en Madrid, ciudad que glosa gran parte de su obra, si bien pasó su infancia en la provincia de Valladolid, ya que fue llevado a Madrid sólo para nacer. El despego y distanciamiento de su madre respecto a él habría de marcar su dolorida sensibilidad.

Pasó sus primeros cinco años en la localidad de Laguna de Duero y fue muy tardíamente escolarizado, según se dice por su mala salud, cuando ya contaba diez años, pero resultó un alumno indómito y un año después fue expulsado y no volvió a matricularse. El niño era sin embargo un lector compulsivo y autodidacta de todo tipo de literatura.

Empieza a trabajar a los catorce años como botones.

En Valladolid comenzó a escribir en la revista Cisne, del SEU, y asistió a lecturas de poemas y conferencias. Emprendió su carrera periodística en 1958 en El Norte de Castilla promocionado por Miguel Delibes, quien se dio cuenta de su talento para la escritura. Más tarde se traslada a León para trabajar en la emisora La Voz de León y en el diario Proa y colaborar en El Diario de León.

En 1959 se casó con la fotógrafa María España Suárez Garrido, fotógrafa de El País, y tuvo un hijo, “Pincho”, que falleció con tan solo seis años de leucemia, hecho del que nació su libro más lírico, dolido y personal: Mortal y rosa (1975). Eso inculcó en el autor un característico talante altivo y desesperado, absolutamente entregado a la escritura, que le ha suscitado no pocas polémicas y enemistades.

En 1961 marchó a Madrid como corresponsal, donde frecuentaría la tertulia del Café Gijón, en la que recibiría la amistad y protección del escritor Camilo José Cela, gracias al cual publicaría sus primeros libros. Describiría esos años en La noche que llegué al café Gijón. Se convertiría en pocos años, usando los seudónimos Jacob Bernabéu y Francisco Umbral, en un cronista y columnista de prestigio en revistas como La Estafeta Literaria, Mundo Hispánico (1970-1972), Ya, El Norte de Castilla, Por Favor, Siesta, Mercado Común, Bazaar (1974-1976), Interviú, La Vanguardia etc., aunque sería principalmente por sus columnas en los diarios El País (1976-1988), en Diario 16, en el que empezó a escribir en 1988, y en El Mundo, en el que escribió desde 1989 la sección Los placeres y los días.

En El País fue uno de los cronistas que mejor supo describir el movimiento contracultural conocido como Movida madrileña. Alterna esta torrencial producción periodística con una regular publicación de novelas, biografías, crónicas y autobiografías testimoniales; en 1981 hace una breve incursión en el verso con Crímenes y baladas. En el año 2003, sufrió una neumonía que le tuvo a las puertas de la tumba y de la que afortunadamente se recuperó.

En 1986 fue candidato, junto a José Luis Sampedro, al sillón F de la Real Academia Española, apadrinado por Camilo José Cela, Miguel Delibes y José María de Areilza, pero fue elegido Sampedro.

Su calidad literaria viene dada por su fecundidad creativa, su sensibilidad lingüística y la extrema originalidad de su estilo, muy impresionista, de sintaxis muy suelta, metafóricamente complejo y abundante, flexible para los matices más esquivos de la actualidad, abundante en neologismos y alusiones intertextuales y, en suma, de una exigente calidad lírica y estética. Esta particularidad le hace especialmente intraducible y en consecuencia es un autor apenas vertido a otros idiomas y casi desconocido en el extranjero. Francisco Umbral es “uno de los primeros prosistas de la lengua española del siglo XX”, según Fernando Lázaro Carreter, y Miguel Delibes lo califica como “el escritor más renovador y original de la prosa hispánica actual”.

Como articulista practica una especie de costumbrismo antiburgués que no renuncia al yo más intensamente romántico e intenta dar a lo cotidiano, en palabras de Novalis, la dignidad de lo desconocido, impregnándose no pocas veces de una desolada ternura. Como cronista político Umbral hace gala, además, de una gran acidez y mordacidad y una increíble intuición para captar la epidermis oculta de los asuntos. En 1993 se envuelve en una agria polémica por llamar paletos a las personas de Aranda de Duero en una televisión nacional, el candidato a la presidencia del gobierno José María Aznar había sido recibido en esta localidad en honor de multitudes mientras que Felipe González había sido abucheado en la Universidad por esos mismos días.

Ya periodista y escritor de éxito, colaboró con los periódicos y revistas más variadas e influyentes en la vida española. Esta experiencia está reflejada en sus memorias periodísticas Días felices en Argüelles (2005). Entre los diversos volúmenes en que ha publicado parte de sus artículos pueden destacarse en especial Diario de un snob (1973); Spleen de Madrid (1973), España cañí (1975), Iba yo a comprar el pan (1976), Los políticos (1976), Crónicas postfranquistas (1976), Las Jais (1977), Spleen de Madrid-2 (1982), España como invento (1984), La belleza convulsa (1985), Memorias de un hijo del siglo (1986), Mis placeres y mis días (1994).

OBRA

Narrativa

De su muy extensa producción narrativa, en la que resaltan los aspectos autobiográficos, destacan:

* Tamouré (1965)
* Balada de gamberros (1965)
* Travesía de Madrid (1966)
* Las vírgenes (1969)
* Si hubiéramos sabido que el amor era eso (1969)
* El Giocondo (1970), sobre los ambientes homosexuales de Madrid
* Las europeas (1970)
* Memorias de un niño de derechas (1972),
* Los males sagrados (1973)
* Mortal y rosa (1975)
* Las ninfas (premio Nadal, 1975)
* Los amores diurnos (1979)
* Los helechos arborescentes (1980)
* La bestia rosa (1981)
* Los ángeles custodios (1981)
* Las ánimas del purgatorio (1982)
* Trilogía de Madrid (1984)
* Pío XII, la escolta mora y un general sin un ojo (1985)
* Nada en el domingo (1988)
* El día en que violé a Alma Mahler (1988)
* El fulgor de África (1989)
* Y Tierno Galván ascendió a los cielos (1990)
* Leyenda del César Visionario (premio de la Crítica, 1992)
* Madrid, 1940 (1993)
* Las señoritas de Avignon (1995)
* Madrid 1950 (1995)
* Capital del dolor (1996)
* La forja de un ladrón (1997)
* Historias de amor y Viagra (1998)
* Un ser de lejanías (2001)
* Los metales nocturnos (2003)
* Días felices en Argüelles (2005)
* Amado Siglo XX (2007)

Desde 1985 Umbral inició una serie de novelas sobre los hechos más importantes de la historia de España en el siglo XX, a semejanza de los Episodios nacionales de Benito Pérez Galdós para el siglo XIX.

Ensayos y crónicas

También escribió un ensayismo muy personal en títulos como La escritura perpetua (De Rubén Darío a Cela) (1989), Las palabras de la tribu (1994), Diccionario de literatura (1995), Madrid, tribu urbana (2000) o Los alucinados (2001). En Cela: un cadáver exquisito (2002), ofrece su personal interpretación del que fue su protector y amigo y en ¿Y cómo eran las ligas de Madame Bovary? (2003) ofrece una colección de cuarenta semblanzas breves de sus escritores preferidos. Como cronista, publicó Y Tierno Galván subió a los cielos (1990) donde analiza líricamente la transición política de España desde el fallecimiento de Franco en 1975 hasta el entierro de uno de los alcaldes más queridos de Madrid en 1986; en El socialfelipismo: la democracia detenida (1991) y La década roja (1993), desmenuza la presidencia ejercida por Felipe González y en La República bananera USA, que versa sobre los hechos ocurridos el 11 de septiembre en Nueva York, la guerra de los Estados Unidos en Afganistán y el gobierno de Bush (2002). Su preocupación por el lenguaje se muestra en el Diccionario para pobres (1977), el Diccionario cheli (1983) o Las palabras de la tribu (1994).

Biografías y autobiografías

Ha publicado además ensayos biográficos y literarios con puntos de vista originales sobre autores clásicos de la literatura del XIX y del XX, como Larra, anatomía de un dandy (1965), Lorca, poeta maldito (1968), Ramón y las vanguardias (1978) y Valle-Inclán: los botines blancos de piqué (1997) y otras más bien divulgativas como Valle-Inclán (1968); Lord Byron (1969); Miguel Delibes (1970); Lola Flores, sociología de la petenera (1971). Un capítulo especial en este apartado lo ocupan los libros autobiográficos, aunque la autobiografía inunda también toda su obra narrativa y periodística, entre los que cabe destacar La noche que llegué al café Gijón (1977), Memorias eróticas (Los cuerpos gloriosos) (1992), El hijo de Greta Garbo (1977) y sus memorias periodísticas Días felices en Argüelles (2005).

Premios

Premio Nacional de Cuentos Gabriel Miró 1964 con Tamouré, finalista del premio Guipúzcoa el mismo año por su novela corta Balada de gamberros. En 1965 su cuento Días sin escuela consigue el Premio Provincia de León. A fines de los sesenta es finalista al premio de cuentos Tartessos por Marilén otoño-invierno. En 1975 obtiene el Premio Carlos Arniches de la Sociedad General de Autores y ese mismo año el Premio Nadal de novela por Las Ninfas. Es finalista del Premio Elisenda de Moncada por ‘Si hubiéramos sabido que el amor era eso’ (1969). Premio González Ruano de Periodismo en 1980 por su artículo El trienio, publicado durante su etapa en El País; finalista del Premio Planeta en 1985 con Pío XII, la escolta mora y un general sin un ojo. En 1990 obtiene el Mariano de Cavia por su artículo periodístico Martín Descalzo, ya de su etapa en El Mundo y el Premio Antonio Machado con su narración corta Tatuaje. En 1992 su novela Leyenda del César visionario obtuvo el Premio de la Crítica 1991. En 1994 logra el Premio Juan Valera de literatura epistolar y el VII Premio Nacional de Periodismo de la Fundación Institucional Española. En 1995 recibe el Francisco Cerecedo de la Asociación de Periodistas Europeos. En 1996 es Premio Príncipe de Asturias de las Letras; en 1997 es premio Fernando Lara por La forja de un ladrón. En 1997 el Ministerio de Cultura le otorga el Premio Nacional de las Letras Españolas por el conjunto de su obra y se le conceden la Medalla de Oro del Círculo de Bellas Artes de Madrid y el premio León Felipe a la Libertad de Expresión. Fue nombrado Doctor Honoris Causa por la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid (1999). En el año 2000 obtuvo el Premio Cervantes y en en 2003 el Premio de periodismo Mesonero Romanos.

Fuente: www.insurgente.org

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