Razi, alquimista persa, descubridor del alcohol

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Hoy se celebra en Irán el día del farmacéutico, que coincide con el aniversario del nacimiento de Zakaria Razi, filósofo, sabio, alquimista y gran médico que vivió a caballo entre los siglos IX y X d. C. y cuya fama no sólo se extendió por el mundo musulmán, sino que también Europa pudo hacer uso de los conocimientos y descubrimientos de este sabio persa.

Con ocasión de este aniversario ofrecemos a nuestros lectores un artículo sobre su vida y obras.

Mohammad ibn Zakaria Razi

Mohammad ibn Zakaria Razi, piedra angular de Avicena y el médico por antonomasia. Su nombre es un gentilicio de la ciudad de Rei, cuyas ruinas pueden verse hoy al sur de Teherán. Es también conocido en Occidente con el nombre latinizado de Rhazes.

Los datos fiables que de su vida tenemos son bastantes escasos. Sabemos que antes de ser médico se dedicó a la alquimia. A este respecto, nos cuenta el polígrafo Abu Reihan Biruni que el joven alquimista se entregó a la alquimia hasta el punto que sus ojos enfermaron y hubo de recurrir a un médico el cual le curó con un tratamiento por el que le cobró la friolera de quinientas monedas del noble metal que Razi tanto buscaba por medios alquímicos. Y dicen que el médico le dijo orgulloso de su ciencia y de los beneficios que le reportaba: “Esto es alquimia y no lo que tú buscas”. Según Biruni, esta frase causó una honda impresión a Razi y desde entonces abandonó la búsqueda de la piedra filosofal para dedicarse a la medicina.

Se ignora si la historia que nos cuenta Biruni tiene algo de veraz o si no es más que otras de las tantas infundadas que se han tejido alrededor de Razi, que siempre han afectado en mayor o menor medida a los grandes personajes de la historia y que más que aclarar lo que han hecho es enturbiar aún más la biografía de un personaje del que sabemos bien poco.

Sea como fuere, lo que sí tenemos claro de su vida es que nació en Rei (al sur de la actual Teherán) allá por el año 865. Vivió hasta su madurez en la misma ciudad y en ella fue donde aprendió filosofía, matemáticas, astronomía, música, y seguramente fue en ese mismo período cuando se interesó por la alquimia. Por último, se dedicó a la medicina a raíz del episodio que nos cuenta Biruni, y que estudió en Rei y Bagdad.

Dicen que el célebre médico Ali ibn Rabbn al-Tabari fue su profesor de medicina, sin embargo, ello no es posible ya que éste fue secretario del secesionista persa Maziar ibn Qaran hasta que le dieron captura y muerte en el año 838. Sabemos que el supuesto maestro de Razi se marchó a Bagdad tras quedarse sin patrón, pero, teniendo en cuenta la diferencia de fechas y añadiéndole a esto el hecho de que tanto Biruni como otros historiadores nos dicen que Razi comenzó en su edad adulta al estudio de la medicina no resulta congruente creer que Ali Rabbn Al-Tabari fuese profesor de Razi a los 90 o 100 años.

En fin, lo cierto es que su fama como médico se difundió siendo él relativamente joven pues el gobernador samani de Rei, Abu Saleh Mansur ibn Ishaq, le nombró director del hospital de la misma ciudad, y poco después, parece ser que en el año 900, se marchó a Bagdad y allí fue durante varios años (no se sabe cuantos exactamente) regente del hospital de la ciudad califal que a él mismo le fue encargada su construcción.

Cuentan que para saber cuál era la ubicación ideal en cuanto a higiene hizo colgar unos pedazos de carne en diferentes puntos de Bagdad y construyó el hospital en aquel lugar donde la carne se había podrido menos.

Seguramente, al ser el mejor médico de la época, fue muy solicitado en la corte del califa, por gobernadores y pudientes en general, pero se sabe que no estuvo muchos años en Bagdad ya que regresó a su ciudad natal para volver a ejercer como médico el resto de su vida.

Debido a la manipulación que había hecho durante su vida de las sustancias químicas, a la vejez se quedó ciego por glaucoma y, poco después, murió, según Biruni, en el año 925, en su ciudad natal.

Hasta la aparición de Avicena, Razi es indiscutiblemente el mejor médico que ha visto el mundo islámico, no en vano, se ganó el erróneo sobrenombre de Yalinus al-‘arab (el Galeno árabe), a pesar de ser persa.

Dentro de la medicina, en lo que más destacó fue en sus estudios sobre la viruela y el sarampión. Hizo muchos descubrimientos y observaciones originales en medicina. Por ejemplo, observó que los enfermos que se recuperaban de una enfermedad eran inmunes a la misma un tiempo largo (principio de inmunidad); se interesó más por la prevención que por la curación y afirmaba que una buena higiene y una buena alimentación son las bases de la buena salud, asertos que aunque hoy nos puedan parecer de lo más corriente no eran tan evidentes en una época en que se desconocían las bacterias.

Afirmaba que la atención psíquica del enfermo era primordial, algo que es fundamental en la medicina moderna. Rechazó la idea tan extendida entonces de que se podía diagnosticar una enfermedad tan solo mirando la orina del enfermo. Instruía a sus alumnos en la medicina tanto teórica como práctica, haciendo más hincapié en ésta última y los “licenciaba” después de que aquellos redactaban una tesis sobre un tema concreto y hacían el Juramento de Hipócrates.

En lo que se refiere a su forma de pensar, era ante todo un racionalista, incluso en una ciencia como la alquimia que se daba a tantas divagaciones misteriosas y cuyo vocabulario sólo entendían los iniciados. Razi rechazaba de plano las interpretaciones esotéricas que de ella se daba y tenía una clara tendencia a tener una visión racionalista de los fenómenos naturales, y ello se extiende incluso en el plano religioso y filosófico.

Razi fue un autor polifacético. Su carrera y pensamiento puede ser inscrito en, por lo menos, dos de los grandes movimientos que prevalecen diacrónicamente o a veces simultáneamente en la medicina árabe. Por un lado, se enmarca como figura tardía en la época de las grandes traducciones. Si bien no es propiamente Razi un traductor, sí comparte un espíritu investigador con los principales traductores del siglo IX, e incluso, su pensamiento participa de la misma aproximación a la filosofía que protagonizan traductores del momento.

Por otro lado, Razi es un médico innovador que ejerce su profesión de forma manifiesta y comprometida abriendo así la puerta para que sus discípulos entren correctamente en el ámbito de la aplicación práctica del saber médico. Este compromiso une a Razi con Avicena.

Según Biruni, el número de sus obras, sólo de medicina, asciende a 56 entre grandes y pequeñas. La más importante de todas ellas es “Kitab al-Hawi” que fue considerada a partir del siglo X la obra médica más importante del momento. Está dividida en diez libros. El primero es de anatomía; el segundo habla de los humores; el tercero es bastante importante y trata de alimentos y medicamentos; el cuarto y quinto de higiene y cosmética; el sexto del régimen alimenticio durante el viaje; el séptimo de cirugía; el octavo de venenos; el noveno de enfermedades en general y el décimo de fiebres. La obra es definida como un cuerpo de medicina práctica, una condensación de opiniones de todos los médicos anteriores y contemporáneos a Razi. Éste además utiliza su experiencia práctica para comentarlas. Como su redacción es póstuma, su análisis presenta ciertas características. No fue ésta una obra en la que Razi se sentó a escribir de una manera metódica, sino que fue después de su muerte y por orden del gobernador de Rei, que sus alumnos reunieron los apuntes en los que su maestro había registrado sistemáticamente los cuadros clínicos con los que se había encontrado, con su respectivo tratamiento. Por el volumen de la obra y su índole experimental (en el sentido de recopiladora de experiencias) es donde radica su importancia y también porque en ella se reúnen todas las experiencias personales de Razi con sus pacientes, procedimiento que se da en mucha menor medida en el resto de sus obras.

“Kitab al-Hawi” es una obra enciclopédica cuyo manuscrito en árabe, que originalmente constaba de treinta tomos, no nos ha llegado íntegro a nuestros días. En árabe se conservan aproximadamente la mitad, aunque, afortunadamente, se conserva la traducción latina de 25 tomos cuyo título, “Liber Continens” (en realidad una buena traducción al latín de su titulo original en árabe, es decir, el Libro que Contiene). Esta traducción data del año 1279 y fue patrocinada por Carlos, rey de Nápoles y Sicilia y fue realizada por un judío llamado Farach Ben Salim, traductor de otras obras médicas. Con este mismo título latino se convirtió pronto en un libro de texto clásico y se reimprimió numerosas veces, sobre todo desde el año 1486 en adelante, hubo incluso una quinta edición en Venecia en el año 1542.

Otra de sus famosas obras médicas es “Kitab al-Mansuri” o “Tibb al-Mansuri”, es un libro que resume brevemente los planteamientos básicos del “Kitab al-Hawi”. Fue así titulada porque se la dedicó al gobernador Samaní de Rei, Mansur ibn Ishaq. Si bien es mucho más reducida que al-Hawi, sí fue una obra de considerable valor en su época. “Kitab al-Mansuri” fue redactado en diez partes (yuz’) y traducido al latín y publicado en varias ocasiones durante la Edad Media. Esta obra fue traducida al latín bajo el título de “Liber ad Almansorem”, que, junto al “Canon” de Avicena fueron puestos como textos en el programa de los universitarios.

Además de estas obras de Razi se publicaron varios tratados suyos también en latín, muchos de ellos traducidos por el afamado Gerardo de Cremona, el traductor por antonomasia de las principales obras médicas del momento. La publicación de estas obras fue cuantiosa, sobre todo después de inventarse la imprenta de tipos móviles. Entre ellas citaremos las siguientes:

El “Kitab al-Shukuk” (el Libro de las dudas) también hay que clasificarla como una de sus obras importantes. Es una relación de las objeciones que hace Razi a Galeno, y es muy representativa porque en ese tipo de obras se ve cómo no siempre la palabra de los Antiguos eran dogma de fe y que había científicos como Razi que ponían en tela de juicio los veredictos galénicos en cuestiones médicas y denigraba al sacrosanto Aristóteles en cuestiones filosóficas.

Otra obra también relevante es “Man la yahzah at-tabib” (Quién no llama al médico), que era más conocida cómo “Tibb al-fuqara’” (La Medicina de los pobres) ya que en ella se prescribían tratamientos sencillos que no requerían la asistencia de un médico.

“Al-yudari wa-l-hasba”; es una monografía acerca de la viruela y el sarampión. Es una joya de la literatura médica islámica que parece que fue la primera de su género. En ella el autor hace el primer estudio clínico de la viruela distinguiéndola del sarampión. No en vano, fue en estas dos enfermedades donde Razi llegó a tener más autoridad entre los médicos de la Edad Media. Razi propone que la enfermedad surge en los niños porque estos no han evacuado la sangre impura de su madre poco después de nacer, dando así más importancia a cuestiones fisiológicas y alejándose de aspectos relacionados con el contagio y las epidemias. Por otro lado, esta obra fue traducida al latín y se imprimió unas cuarenta veces entre 1498 y 1866, y posteriormente fue traducida a varias lenguas modernas, el inglés entre ellas (1848). Esta obra culminó aún más la fama del autor hasta reconocerse no sólo como uno de los mayores científicos del Islam sino de la Cristiandad.

Otras obras médicas de menos relevancia que las arriba citadas fue “Bar’ as-Sa’a” donde se prescribían cortos tratamientos; “Al-fajir fi-l-tibb”, “Daf’ ul-muzar al-aqzia”, “Al-Madjal al-Sagir”, “Al-Fusul fi-l-tibb”, también conocida como “Al-murshid”.

En cuanto a las obras de alquimia que Biruni le atribuye a Razi, citaremos las siguientes: “Al-Madjal at-Ta’limi” “Ilal al-Ma’din”; “Isbat al-Sina’a”; “Kitab al-Hayar”; “Kitab at-Tadbir”; “Kitab al-Iksir”; “Kitab Šaraf al-Sina’a”; “Kitab at-Tartib”; “Kitab al-Šawahid”; “Kitab al-Sirr” y “Kitab Sirr al-Hukama’”.

Como alquimista, cabe destacar su originalidad al decir que no sólo se debería obtener oro de metales innobles como el plomo o el hierro, sino que también, por la misma regla de tres, se debería poder obtener diamantes y rubíes de otros cristales más innobles como el cuarzo.

Afirmaba que todas las sustancias eran de origen vegetal animal o mineral. Fue el primero en describir la forma en que se debía elaborar el alcohol y el ácido sulfúrico. A Razi, sabio de espíritu práctico, no le interesaba el aspecto misterioso ni esotérico de la alquimia sino su carácter de ciencia química. Tanto es así que parecía más un químico que un alquimista pues conocía muy bien productos químicos diversos como la glicerina y la sosa, y de las descripciones que nos hace se desprende que poseía un laboratorio muy bien pertrechado.

Obviamente, nunca consiguió oro, pero no perdía el tiempo ya que por serendipidad obtenía diversas sustancias químicas de las cuales hacía una minuciosa descripción de sus propiedades, algunas de estas sustancias las utilizó luego en medicina. Razi representa el apogeo de la alquimia islámica.

Fuente: www.irna.ir

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