Los medios de comunicación y la mirada del otro

Por Rosa Meneses

Los periodistas gozamos de muy mala prensa. Muchas veces se nos hace responsables de todos los males de nuestra sociedad. Es muy común responsabilizar a los medios de comunicación de la intolerancia y del conflicto entre los pueblos.

A veces es así, pero en otras ocasiones los medios sólo reproducen los prejuicios existentes en sus sociedades. También hay casos en que los medios se esfuerzan por denunciar las injusticias.

Desde las ONG y los think tank internacionales se elaboran guías y libros de estilo para periodistas, para que aprendamos a tratar la información sobre minorías, inmigración o diálogo entre culturas. Pero nadie elabora, sin embargo, manuales de estilo para que los ciudadanos lean la prensa y vean la televisión con espíritu crítico. Es decir, el trabajo de erradicar la intolerancia no sólo está en manos de los medios de comunicación, sino que todos, como ciudadanos, tenemos la obligación de no doblegarnos ante actitudes intolerantes o racistas.

Dicho esto, lo que sigue es una valoración crítica del papel de los medios de comunicación y, en concreto, de la prensa escrita en el diálogo intercultural y en la elaboración de esa mirada del otro. Efectivamente, hay muchos ejemplos que pueden confirmar el papel malévolo de los medios en este sentido: durante los conflictos en los Balcanes o el genocidio de Ruanda, los medios han incitado sistemática y conscientemente al odio, a la depuración étnica, al genocidio.

Los atentados del 11-S marcan un nuevo hito en el papel de los medios de comunicación a la hora de favorecer conflictos y fabricar una mirada del otro que justifica la violencia. Desde entonces, proliferan asociaciones binarias de ideas como “civilización contra barbarie”, el “bien y el mal”, se contraponen términos como “guerra justa” a “guerra santa”. En concreto, en la guerra de Iraq, en el 2003, los medios estadounidenses se transformaron en “armas de desinformación masiva” y el conflicto no habría tenido lugar si los medios no hubieran jugado su papel, tal y como destaca el periodista e investigador Jean-Paul Mathoz. Él recuerda las palabras de una periodista de Newsday: “La televisión americana no cubre la guerra. La promete”.

En general, la prensa presenta informaciones sobre el otro, en las que prima la violencia y la delincuencia, se presenta la inmigración como “un problema” o “una necesidad” o se explican las relaciones entre Oriente y Occidente como un foco de tensión y conflicto. Y todo, presentado de forma descontextualizada y aislada de los procesos políticos, culturales e históricos de las sociedades. La propia naturaleza de los medios de comunicación, en los que se destacan acontecimientos que constituyen una excepción en nuestro sistema de valores, tampoco ayuda a ello. Los periodistas tenemos un proverbio: no es noticia que un perro muerda a un niño, sino que un niño muerda a un perro. Esta naturaleza de los medios hace que parezca que el conflicto y la violencia sea lo cotidiano, cuando en realidad se destaca porque no lo es.

Cada día, en la información que se publica sobre migraciones, sobre religiones, el conflicto palestino israelí o los enfrentamientos en cualquier parte del mundo, la prensa es acusada de acarrear estereotipos que aseguran la persistencia de percepciones automáticas y por defecto, que degradan y mutilan la identidad compleja de las sociedades y de las personas. El fenómeno no es nuevo. También se produce lo mismo en el otro lado.

Los prejuicios y el desconocimiento son mutuos. Por ejemplo, aquí hablamos de Alianza de Civilizaciones, pero recuerdo que cuando me encontraba en El Cairo como enviada especial de El Mundo, en el 2005, entrevisté al líder de los Hermanos Musulmanes, Mohamed Mehdi Akef, quien me confesó que no conocía el proyecto de Alianza de Civilizaciones.

El abismo en la percepción del otro está en ambos lados de nuestras fronteras imaginarias. Una encuesta mundial realizada por el Proyecto Pew sobre Actitudes Globales, en el año 2006, mostraba que musulmanes y occidentales se definían unos a otros mediante estereotipos. Para los musulmanes, los occidentales son sobre todo egoístas y arrogantes, mientras que para los occidentales, los musulmanes son principalmente fanáticos y violentos. En España, el 83% opinaba que los musulmanes son fanáticos y el 60% que son violentos. El barómetro del 2003, del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) español, arrojaba un triste dato: el 58% de los españoles relaciona inseguridad ciudadana con inmigración. Poco ha cambiado seis años después. Según el barómetro del CIS de septiembre del 2009, la inmigración supone el cuarto “problema” que existe actualmente en España, por detrás del paro, la economía y el terrorismo de ETA. Es la sociedad la que ve un “problema” en la inmigración, no los medios.

Cubriendo el Islam

En numerosos entornos se acusa a los medios -sobre todo a los occidentales- de difundir estereotipos degradantes y prejuicios humillantes durante los flujos de actualidad. Investigadores e intelectuales importantes han dedicado sus esfuerzos a denunciar la propensión de los medios occidentales a caricaturizar al otro. Hoy, la crisis financiera global y la amenaza del terrorismo son fenómenos preocupantes que polarizan a la población. Pero todos estos prejuicios no son nuevos en la prensa. Edward Said constataba en los años 80 en su libro ‘Cubriendo el Islam’, que el mundo “había vuelto a dividirse entre Oriente y Occidente” y ya advertía de los estereotipos y etiquetas en torno a la información sobre el advenimiento de la Revolución Islámica en 1979:

“Si la crisis iraní es regularmente mostrada en televisión por medio de imágenes de masas ‘islámicas’ entonando cánticos, aderezadas con comentarios acerca del ‘antiamericanismo’, la distancia, la falta de familiaridad y el tono amenazador del espectáculo limitan el ‘Islam’ a estas características, todo lo cual alimenta a su vez la sensación de que nos enfrentamos a algo en esencia rechazable y negativo. Dado que el Islam está ‘en contra’ de nosotros y ‘allá lejos’, la necesidad de adoptar una respuesta violenta también por nuestra parte no será cuestionada”.

No hemos aprendido mucho desde entonces, y las etiquetas se reproducen hoy. La crítica puede extenderse a la cobertura de África y de América Latina. Los estereotipos de violencia, conflicto y criminalidad son dominantes en todas estas regiones y sus ciudadanos residentes en Occidente siguen acarreando estos estigmas. Cuando no son los sujetos de la violencia, se les trata como eternas víctimas. Además de la violencia, está la importancia que se le da a la identidad religiosa. El escritor Amin Maalouf apunta en su ensayo ‘Identidades asesinas’ que existe la tentación de presentar y explicar los conflictos en clave religiosa. Y esto ocurre también en la prensa. El ejemplo paradigmático es el del conflicto palestino israelí, del que los estereotipos nos dicen también que es un conflicto “eterno”. Nada más lejos de la realidad: se trata de una disputa por la tierra que no tiene más de un siglo de vida. Dejarnos dominar por los estereotipos revela la falta de lectura crítica y de una formación que, como ciudadanos cosmopolitas, debemos buscar.

El escritor egipcio Alaa Al-Aswany constataba en un reciente artículo que el tratamiento político y mediático de los musulmanes que se hace en Europa y EEUU está lleno de prejuicios y doble rasero. Y ponía un ejemplo: Neda y la joven embarazada asesinada por un racista en Dresde. Todos los medios reprodujeron la muerte de la joven iraní a manos de los pasdarán en una manifestación para pedir democracia. Muy pocos se hicieron eco del asesinato de la farmacéutica egipcia por llevar el velo. Todos sabemos quién era Neda, pero nadie sabe quién era Marwa A-Sherbini.

¿Por qué la prensa presenta la realidad de forma imperfecta y a veces errática? Para entender mejor por qué ocurre esto debemos entender la propia naturaleza de los medios, así como la manera en que éstos seleccionan las noticias. El Periodismo privilegia la proximidad, las informaciones que nos pueden resultar cercanas o con las que nos podamos identificar. Se trata de una proximidad no sólo geográfica, sino también emocional, religiosa o cultural.

Estas son algunas reglas y jerarquías que aplican los medios de comunicación a la hora de seleccionar y tratar las noticias:

1. – La primacía del espectáculo. Los periódicos son empresas cuyo fin es vender. De ahí que primen unos contenidos a otros que sean atractivos al espectador. El lema es ofrecer al público lo que demanda. Y aquí tenemos otro dilema: si los periódicos deben educar al público o si deben simplemente reflejar lo que sus lectores quieren leer. Yo creo que deberíamos tender hacia lo primero, hay ejemplos que ilustran de que se tiende a lo segundo: El 15 de septiembre, la noticia más leída en la página web de El Mundo se titulaba así: “Le cortó los testículos, se los metió en la boca y le cosió los labios”. Era una crónica sobre la confesión de un policía argentino sobre las torturas a un traidor durante la dictadura, en un juicio a represores. Probablemente, si el título hubiera sido algo así como: “Crudo relato de las torturas durante la dictadura argentina”, pocos hubieran leído la noticia.

2. – La necesidad de presentar discursos y actitudes reconocibles. Por ejemplo, la cobertura de las manifestaciones en Irán, que se han presentado como una lucha por la libertad y contra un régimen. Pocos medios explicaron que la “revolución verde” no pretendía derribar los cimientos de la República Islámica. Frente a estas ideas reconocibles y afines al discurso occidental sobre la democracia, tenemos otras realidades que suscitan nuestro rechazo y desinterés (los rebeldes chechenos, los islamistas argelinos…).

3. – La tiranía del espacio. La necesidad de simplificar la realidad para explicarla en una crónica de 400 palabras. El espacio en los periódicos es muy reducido, de ahí que el periodista disponga de poco texto para explicar realidades complejas y contextualizarlas. Se tiende, entonces, a simplificar, para poder explicar de forma sencilla a un público general no especializado realidades lejanas y ajenas a ellos. En algunos medios, la presencia de la información internacional está reducida a mínimos.

4. – El uso de estereotipos. La simplificación conduce al uso de estereotipos y de etiquetas. Estas generalidades que están en la sociedad nos sirven como herramientas para explicar los acontecimientos para que los entienda un público amplio.

5. – La precarización del trabajo periodístico. En el contexto actual de crisis económica, los periodistas trabajan en una realidad laboral cada vez más precaria, lo que va en perjuicio también del resultado de su labor. Por ejemplo, son numerosos los colaboradores y freelance en zonas de conflicto que trabajan para varios medios distintos y que cobran a la pieza.

6. – Urgencia. El periodismo es un oficio marcado por la urgencia, la última noticia. Los periodistas tienen poco tiempo para preparar y contrastar una información.

7. – Desconocimiento, falta de formación y de especialización. La mirada del lector estará determinada por la mirada del periodista. Su formación y sus carencias son, pues, determinantes.

La prensa selecciona y simplifica la realidad. Es decir, muestra sólo una parte de la realidad. Por tanto, es un error pensar que lo que ofrecen los medios de comunicación es la única realidad existente: hay muchas. No hay que fijarse sólo en los temas de los que hablan los medios, sino también en aquello que no nos cuentan. Hay que aprender, pues, a leer los periódicos.

Conclusión

Ryszard Kapuscinski sostenía que el verdadero sentido del Periodismo es cruzar fronteras. Los periodistas somos buscadores de contextos con los que explicar lo que sucede en nuestro mundo. Nuestra labor es cruzar esas fronteras que nos separan y tender puentes a uno y otro lado. El Periodismo debe recuperar su verdadero sentido y vocación. Estas son algunas reflexiones sobre cuál debe ser el papel de los medios de comunicación, tanto en la información internacional como en la información nacional (en el tratamiento de los temas relacionados con conflictos, inmigración y interculturalidad):

· En la información debe primar siempre los valores de tolerancia.

· Contextualizar y contrastar las fuentes.

· Recuperar el papel de los medios de denuncia de las injusticias y los abusos de poder.

· Dar voz a los protagonistas.

· Separar la información de la opinión.

· Promover medios plurales para fomentar la paz.

· Fomentar los flujos de información sur-norte. Contar con fuentes de países del sur.

· Fomentar la relación entre periodistas y expertos para deconstruir estereotipos y falsos mitos arraigados en la sociedad.

Los esfuerzos en los medios de comunicación deben además verse reflejados con esfuerzos en la sociedad que creen un flujo de empatía. Es en nuestras sociedades donde se asientan los estereotipos y los prejuicios hacia el otro. Si no creamos, a través de la educación, individuos con inquietudes críticas y cosmopolitas, difícilmente los medios de comunicación, por sí solos pueden crear opiniones públicas donde primen los valores de tolerancia y respeto. Luchar contra los estereotipos depende de los ciudadanos, de los políticos, de los intelectuales, de los periodistas, de las asociaciones y organizaciones no gubernamentales y de las universidades de ambas orillas.
* Rosa Meneses es periodista del diario español El Mundo. Este texto se basa en una conferencia impartida en la mesa redonda “El diálogo intercultural y los medios de comunicación”, incluida en el 1º Foro sobre Inmigración y Cultura Árabe, organizado por el Observatorio de Inmigración y Cultura Árabe de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, el 23 y 24 de noviembre de 2009.

Fuente:
Radio Nederland
Aula Intercultural

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